
--Padre, no me gusta estudiar.
--¡Excelente hijo!, muy bien.
--¿Si?
--Si hijito es muy bueno lo que me dices, porque sabes de algo que te gusta más.
--Si, quiero dedicarme al deporte.
--Muy bien, te cuento mi táctica: cuando llego a la escuela atiendo bien las clases, entonces ya no tengo que estudiar para saber la lección; y cuando llego a la casa hago rápido las tareas, sin demoras y tengo toda la tarde para jugar.
--¡Verdad no!
--¡Juguemos!










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